16/10/10

El viaje del elefante

Por Wendy Marton




Leer un libro de José Saramago es como paladear un buen vino: es exquisito, misterioso, excitante. Y aunque El viaje del elefante (Ed. Alfaguara-La Nación), no sea su mejor obra tiene la magia única del escritor portugués, el cual invita a hacer un viaje por la vida. La historia está basada en un hecho verídico, y es narrada a través de Salomón, primero, y Solimán después, acompañado de su cornaca Subhro -en Portugal- y convertido en Fritz -en Austria-.  El rey Juan III ofrece como regalo al archiduque Maximiliano de Austria un elefante. Tras la aceptación por parte del archiduque del obsequio, el rey ordena el traslado del animal de Lisboa (Portugal) a Valladolid (España), donde es entregado para que pueda ser llevado a Austria, su destino final.

Y qué tiene de especial ese viaje para que haya merecido ser contado en un libro, se preguntará. Y es allí cuando lo invito a leerlo, pues descubrirá los temores e ilusiones que despierta en cada uno de los personajes, a medida que su vida se cruza con la del paquidermo.  Cuidadores, militares, nobles, todos deben adecuarse al elefante para lograr el propósito de cruzar Portugal, España e Italia a mediados del siglo XVI (por tierra o por barco), y así llegar sin contratiempos a Austria sin más herramienta que el conocimiento topográfico de esa época.

Durante el viaje, Salomón realiza un milagro frente a una iglesia, lo cual motivará todo tipo de comentarios. Con la ironía que lo caracteriza, establece una notoria diferencia de discusiones entre el catolicismo y el protestantismo de la época, entre el pueblo y la nobleza, por cosas que dividen tanto como la religión o son tan superfluas como la disposición de la alimentación y el agua para el elefante. 


Saramago, con finura y respeto, vuelve a analizar las disquisiciones de cada ser humano , sus temores y anhelos, su sentido de ubicuidad de acuerdo a las circunstancias, y su deseo de buscar la verdad cuando es necesaria.

Hay dos citas que quiero rescatar del libro y compartirlas con usted. La primera reza: “La vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos”.

La segunda señala: “El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas”.

Reconozca que le despierta la curiosidad y tiene ganas de leerlo ya. Pues hágalo, le garantizo que no se arrepentirá.

1 comentario:

enrique davalos alfaro dijo...

Amiga..,¡que gusto leerte,encontrarte,en esta red! Y sí, estoy de acuerdo con la segunda frase: la vida es un camino, una busqueda con sus muchas dudas y temores, pero vale la pena levantar piedras y ver que hay debajo. Un abrazo. Kike Dávalos.