13/10/12

Las sombras de Grey


Por Wendy Marton


Es Hot! Pasó de ser el príncipe azul que despierta a la princesa con un casto beso y le promete felicidad eterna, a ser un hombre dominante y que ofrece sexo pervertido y sexo "vainilla" todo el tiempo, a toda hora. Esa es la única respuesta que encuentro al éxito que acumula la trilogía "Cincuenta sombras de Grey", "Cincuenta sombras más oscuras" y "Cincuenta sombras liberadas", de la escritora E.L. James.

Aunque generalmente no suelo leer este tipo de libros, mi curiosidad pudo más y decidí engullir los tres tomos de la historia de Anastasia Steele, una graduada en Literatura Inglesa, y de Christian Grey, un exitoso y multimillonario joven -de menos de 30 años-, cuya vida privada es un secreto guardado en una caja fuerte.

La historia comienza cuando Anastasia debe suplantar a su amiga Katerine Kavanagh, periodista, quien justo el día que debe hacerle una entrevista a Grey para la revista de la facultad donde ambas estudiaron, atendiendo a que él es el mecenas de la universidad, se enferma y le pide que vaya en su reemplazo. Anastasia es torpe, no le interesa el dinero, pero tiene una belleza extraordinaria y una terquedad sin límites. Él es arrogante, porque se sabe lindo y todas las mujeres sucumben cuando lo miran, pero no permite que nadie se le acerque; es celoso, posesivo, temperamental y asfixiante. Le gusta practicar sexo sádico, y tener "sumisas" a su disposición, mujeres que firman contratos de confidencialidad a cambio de tener sexo con el empresario más apetecible del país.

Para darle más cliché al libro, ella es virgen, apenas tuvo unos cuantos enamorados pero que nunca pasaron de "meter mano" en forma inocente. 
Surge entre ellos una relación que se va consolidando a lo largo de la trilogía, obviamente con altibajos por la poca autoestima que tiene él y las ganas de salvarlo con solo brindarle amor de parte de ella.

La historia de que el amor puede salvar todo, inclusive un alma negra como la de Grey es la que atrapa. Es la historia que transmiten las madres a sus hijas: ser sumisas, pero no tanto; tratar de que cambie el carácter del amado con solo darle amor, mucho, mucho amor, ser fuertes cuando ellos son débiles y mostrarles el camino de la luz con solo intentarlo de la mano de su amada.

Es una historia rosa, enriquecida con detalles sexuales, descripciones que todo mujer ansía leer en los libros y leérselos a su pareja, para que entienda que una una mujer necesita de todos los recursos de las caricias previas para poder entregarse al orgasmo sin culpa. Entra en detalles al describir el proceso, el roce del cabello, la mano bajando suavemente por los botones de la blusa, el detenimiento en el ombligo haciendo crecer el deseo carnal, describe el sexo oral que él le practica a ella, los estímulos a las cuales la somete para que explote una y otra vez.

Sí, es un libro para mujeres, un libro donde se explican las fantasías que todas tuvimos o tenemos y que estoy segura aburrirá a más de un hombre por lo meloso que se torna por partes el relato. Pero quizá, valdrá la pena que lo lean ambos, no completo, solo aquellas partes que encienden el deseo de la mujer.

8/5/11

No hay silencio que no termine

Si no se saben mis palabras
no dudes que soy el que fui.
No hay silencio que no termine.
Cuando llegue el momento,
y que sepan todos que llego
a la calle, con mi violín.
(Para Todos, Pablo Neruda)

Por Wendy Marton

Hay un motivo especial para volver a escribir luego de tanto tiempo. “No hay silencio que no termine”, de Ingrid  Betancourt me obligó a hacerlo.  En todo este tiempo de ausencia leí, entre otras cosas el libro del ex marido de Ingrid, Juan Carlos Lecompte, (“Ingrid y yo”) y “Operación Jaque” (Ed. Oveja Negra-Colección La Verdad), e hice el mismo juicio de valor que la mayoría de los colombianos.


Leer el libro de Ingrid fue entrar en una parte de su vida y de sus pensamientos. Betancourt fue secuestrada en febrero de 2002, mientras realizaba su campaña política con miras a la presidencia de Colombia. A pesar de las advertencias, y sin la más mínima seguridad, fue a San Vicente del Caguán, una zona dominada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC, acompañada de quien sería poco tiempo después de secuestrada su candidata a vicepresidente de la República, Clara Rojas.


Ingrid relata en su libro cómo se originaron las circunstancias de su secuestro, sus seis años de cautiverio y su libertad en el operativo denominado “Operación Jaque”, del ejército colombiano. En las 700 páginas describe su relación tensa con Clara, a quien prácticamente le atribuye problemas mentales; su relación con el ex senador Luis Eladio Pérez, Lucho como lo llamaba, y quien se presume habría tenido un romance con Ingrid; y luego con los norteamericanos Marc Gonsalves –quien también habría tenido un romance con Ingrid-, Keith Stansell y Tom Howes.


Aunque en todo momento Ingrid trata de explicar que no era una persona arrogante como la calificaron no solo los colombianos sino sus mismos compañeros de cautiverio, en ciertas partes del libro reconoce, sutilmente, que su carácter fuerte que le trajo no solo problemas a ella sino a quienes compartían su lugar de secuestro.


Su relato es doloroso, sentido, y es difícil no sentir lo que ella padeció en los años que estuvo privada de su libertad. Y es por eso mismo que resulta extraño que no haya aprendido la lección. En el tiempo que estuvo prisionera padeció, aunque quizá en forma exagerada, el dolor de miles de colombianos que no tienen para comer, un lugar para vivir, educación, ni acceso a las atenciones sanitarias que cualquier ciudadano merece.


Y quizá porque antes de leer su testimonio me haya contaminado por lo publicado por la prensa colombiana y por el libro de su ex marido Lecompte –a quien soy sincera detestaba antes de leerle, pues me parecía arribista y mediático- no comprendo aún cómo es que después de todo lo que le pasó Ingrid siga tan soberbia y haya demandado al Estado colombiano.


24/12/10

LAS INTERMITENCIAS DE LA MUERTE

Por Wendy Marton

Se imagina a la muerte haciendo una huelga, y dejando a los seres humanos vivir una vida eterna, aún a aquellos que viven una “semivida” o están a un paso de la muerte, valga la redundancia. O más aún, alguna vez imaginó que la muerte se convierta en una mujer de carne y hueso y se enamore de un ser humano. Estas paradojas son planteadas con maestría inigualable por el escritor portugués, José Saramago en “Las intermitencias de la muerte” (Colección del Diario La Nación, Argentina).

La muerte es un tabú tan fuerte para el hombre, que prefiere evitarlo como tema de conversación, sobre todo si tiene que ver uno mismo. Saramago plantea una vida eterna, en un país cualquiera, donde los seres humanos primero la festejan, y luego la aborrecen. Los planteamientos son económicos (¿qué pasará con las compañías de seguro o las funerarias si esto llegara a ocurrir?), religiosos (donde plantea la duda del poder de la iglesia católica principalmente, que promete la salvación eterna del alma, una vez muerta la persona, siempre y cuando se haya arrepentido de sus pecados, minutos antes de morir); sociológicos, filosóficos, demográficos, etc.

Además, traza lo más ruin del ser humano, donde un grupo denominado maphia utiliza esta nueva situación para sacar réditos, atendiendo a que en los demás países fronterizos siguen muriendo las personas. Saramago también imagina a una muerte (así en minúsculas, como se identifica ella misma) que en un momento de su trabajo (no se le puede llamar vida, aunque él lo hace) analiza lo que realizó desde tiempos remotos y cómo afecta su labor a las personas.

Podría usted pensar que es cruel deshacerse de un ser querido porque representa una carga económica o de atención constante, pero al leer el planteamiento de Saramago puede hasta llegar a comprender a muchos que deciden acabar con la vida de sus familiares, contratando a la maphia para hacer el trabajo.

En “Las intermitencias de la muerte” se vuelca toda la intelectualidad de Saramago, su pensamiento ateo, sus conocimientos, sus temores hacia un fin que ve cerca, y un raciocinio único, fino, demoledor, atrayente. Este, sin dudas es uno de sus mejores libros después de “El evangelio según Jesucristo”. Léalo, le parecerá sumamente enriquecedor.

16/10/10

El viaje del elefante

Por Wendy Marton




Leer un libro de José Saramago es como paladear un buen vino: es exquisito, misterioso, excitante. Y aunque El viaje del elefante (Ed. Alfaguara-La Nación), no sea su mejor obra tiene la magia única del escritor portugués, el cual invita a hacer un viaje por la vida. La historia está basada en un hecho verídico, y es narrada a través de Salomón, primero, y Solimán después, acompañado de su cornaca Subhro -en Portugal- y convertido en Fritz -en Austria-.  El rey Juan III ofrece como regalo al archiduque Maximiliano de Austria un elefante. Tras la aceptación por parte del archiduque del obsequio, el rey ordena el traslado del animal de Lisboa (Portugal) a Valladolid (España), donde es entregado para que pueda ser llevado a Austria, su destino final.

Y qué tiene de especial ese viaje para que haya merecido ser contado en un libro, se preguntará. Y es allí cuando lo invito a leerlo, pues descubrirá los temores e ilusiones que despierta en cada uno de los personajes, a medida que su vida se cruza con la del paquidermo.  Cuidadores, militares, nobles, todos deben adecuarse al elefante para lograr el propósito de cruzar Portugal, España e Italia a mediados del siglo XVI (por tierra o por barco), y así llegar sin contratiempos a Austria sin más herramienta que el conocimiento topográfico de esa época.

Durante el viaje, Salomón realiza un milagro frente a una iglesia, lo cual motivará todo tipo de comentarios. Con la ironía que lo caracteriza, establece una notoria diferencia de discusiones entre el catolicismo y el protestantismo de la época, entre el pueblo y la nobleza, por cosas que dividen tanto como la religión o son tan superfluas como la disposición de la alimentación y el agua para el elefante. 


Saramago, con finura y respeto, vuelve a analizar las disquisiciones de cada ser humano , sus temores y anhelos, su sentido de ubicuidad de acuerdo a las circunstancias, y su deseo de buscar la verdad cuando es necesaria.

Hay dos citas que quiero rescatar del libro y compartirlas con usted. La primera reza: “La vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos”.

La segunda señala: “El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas”.

Reconozca que le despierta la curiosidad y tiene ganas de leerlo ya. Pues hágalo, le garantizo que no se arrepentirá.